¿Y
ahora?
El
Gobierno debe agotar la legislatura y seguir promoviendo en profundidad las
reformas ya iniciadas
FELIPE
GONZÁLEZ 26 MAY 2011 - 23:43 CET187
La
derrota electoral ha sido muy dura y hay que reconocerlo sin paliativos. Hay
que felicitar al PP, aunque no haya tenido un comportamiento responsable ante
ninguno de los problemas de España. Incluso en el día de hoy, cuando hago esta
reflexión, llevan al Parlamento la grave situación del empleo juvenil sin hacer
ninguna propuesta constructiva, algo que sea creíble y dé una cierta
tranquilidad en que cambiarían de posición, para ser responsables ante la
crisis, después de su victoria electoral.
Tengo
la impresión de que el castigo severo al Gobierno y a los responsables de
ayuntamientos y autonomías ha ido más allá de lo que propios y ajenos podían
imaginar. Así se abre un nuevo escenario en el que serán decisivas las
reacciones de unos y de otros.
No
se puede esperar que cambie de posición el PP. Sus dirigentes, eufóricos,
seguirán pensando que la estrategia basada en el “mientras peor mejor” les ha
dado resultado y ha dañado gravemente al Partido Socialista. Siempre lo han
hecho así en los últimos 20 años, sea en la lucha antiterrorista o sea frente a
la crisis mundial más grave conocida.
¿Por
qué habrían de cambiar? Sería tanto como pedirles que antepusieran los
intereses de España a su deseo incontenible de ocupar el poder: incluso “todo
el poder”, como lo esperan. En lo que reste de legislatura van a ocultar lo que
quieren hacer con ese poder. Por dos razones: porque piensan que así les va
mejor y porque, realmente, dudo que lo sepan. La insistente apelación a la
“confianza” es poco compatible con la que inspira su líder, según muestran
todas las encuestas.
Pero
lo que me importa hoy es la reacción de los socialistas, para ver si somos
capaces de remontar sobre estos resultados convenciendo a los ciudadanos de las
necesidades que tiene nuestro país frente a la crisis y en el contexto europeo
y global en el que estamos.
Zapatero
no se presenta.
Ha
reconocido errores en el tiempo para afrontar la crisis, pero ha tomado
decisiones muy duras de reformas estructurales y mantiene su voluntad de
proseguirlas. También ha asumido la derrota, él mismo, directamente, en un
gesto que le honra, aunque las elecciones no eran generales.
Zapatero
ha tomado decisiones muy duras y mantiene su voluntad de proseguirlas
Por
tanto, la primera cuestión es decidir quién y con qué propósito se hace cargo
del liderazgo frente a las elecciones generales. Mejorar la valoración personal
de Rajoy como líder no es un problema. Entre los dirigentes conocidos del
Partido Socialista hay varios que cumplen de sobra ese requisito. Y plantear un
programa frente a “la vaciedad del mundo en la oquedad de sus cabezas” tampoco.
Importa
decidir pronto y mirando hacia los ciudadanos, sin tentaciones endogámicas de
partido tan propias de las circunstancias que vivimos. Y hablo de los
ciudadanos, de lo que seamos capaces de percibir de la opinión pública, más que
a la “opinión publicada” tan propensa en estos tiempos a la intriga y la
confusión de intereses.
El
procedimiento para designar a esa persona está previsto. Yo me inclino por una
reflexión interna en el Comité Federal que nos conduzca a una sola candidatura
de consenso. Eso evitará peleas internas incomprensibles para los ciudadanos
ante los problemas a los que nos enfrentamos y con los escasos tiempos de
nuestro calendario político. Ante un desacuerdo, que no deseo, en el Comité
Federal, Rodríguez Zapatero tiene la llave. Puede convocar congreso
extraordinario para elegir candidato y secretario general. Camino algo más
largo pero posible, como he oído decir a algunos dirigentes del partido.
El
PP ni colabora ni propone. Su estrategia de “mientras peor mejor” le está
funcionando
La
segunda cuestión, que parece suscitar dudas y debates incipientes, es el
discurso programático ante la ciudadanía. Hay fórmulas participativas fáciles
de articular para que todos vayamos unidos a la campaña de las generales.
Nadie
espera de mí que no me “moje” en cuanto a contenidos, como saben que no entraré
en un debate de primarias que no veo oportuno, aunque estaré, con mi criterio,
siempre disponible para este partido al que he dirigido y contribuido a que sea
la alternativa de poder desde criterios socialdemócratas durante gran parte de
mi vida.
Por
eso me atrevo a reiterar que la realidad a la que nos enfrentamos como país es
crítica y exige reformas en profundidad. Estas han empezado y hay que
seguirlas, reorientarlas y explicarlas clara y abiertamente a la ciudadanía. No
estaré por oportunismos de cambios radicales de orientación que nos lleven a un
desastre que, como mínimo, estamos evitando si vemos con claridad las derivas
de otros países que no han sabido o podido afrontar esas reformas.
Sé
por experiencia, dentro y fuera de nuestras fronteras, que la crisis global que
padecemos marcará un antes y un después y que las cosas no volverán a ser como
antes, aunque haya cantos de sirena que lo anuncien. Por eso huyo de los
mensajes simplistas de los que dicen que hay que “volver a la senda de la
prosperidad perdida”, típicos de las derechas en la oposición, porque es “esa
senda” la que nos ha llevado a esta crisis tan dramática. Algunos no quieren
ver que sin correcciones de fondo podemos estar incubando la siguiente crisis,
antes incluso de salir de esta.
Temo
las voces que proponen utopías regresivas, que han demostrado hasta la saciedad
que llevan al fracaso. Las hay de izquierdas y de derechas. Radicalizaciones
que pretenden que el Estado sustituya a la sociedad, a los actores económicos
o, por el contrario, los que van a seguir defendiendo (lo están haciendo con
éxito) que funcionemos de acuerdo con “la mano invisible del mercado” como
elemento de autorregulación, sin intervención del Estado.
El
Estado tiene que ser eficiente y austero; tiene que regular el funcionamiento del
mercado, en particular del mercado financiero, al servicio de los intereses
generales; tiene que preservar la distribución del ingreso garantizando y
haciendo sostenible la sanidad pública, educación para todos y pensiones; tiene
que estimular la iniciativa y facilitar el emprendimiento y la innovación,
etcétera.
Nos
vamos a jugar mucho como sociedad, como país, en esta difícil situación
nacional, europea y global. Por eso tenemos que tener proyectos claros y
sostenidos de salida de la crisis que preserven valores, bienes sociales que
hemos ido conquistando con esfuerzo y que pueden estar en peligro.
Además,
los dirigentes de hoy tienen que saber que los grandes desafíos ante la crisis
global se juegan en un campo que trasciende las fronteras del Estado nación al
que pertenecemos. Por eso es tan importante, tan decisivo, el papel de Europa…
¡y tan decepcionante que no lo esté cumpliendo o lo haga con tan poca visión de
conjunto! Nadie puede creer que los agentes financieros globales que nos han
llevado a esta crisis puedan ser regulados desde un solo país.
Tenemos
que actuar dentro de nuestras fronteras en aquello que podemos y debemos
corregir para ganar productividad, competitividad y empleo. Los agentes
sociales y económicos tienen que empujar en la misma dirección.
Tenemos
que hacer propuestas claras y sostenidas en la Unión Europea, para reforzar los
elementos de gobernanza económica en el espacio monetario que compartimos; para
emplear la potencialidad del Banco y del Fondo Europeo de Inversiones; para
completar una buena regulación —igual para todos— del funcionamiento del
sistema financiero.
Ya
pasaron las elecciones y no podemos parar la marcha del país para salir de la
crisis. Para España, lo mejor es continuar las reformas, agotando ese tiempo
democrático que resta de legislatura. En menos de un año los ciudadanos
decidirán en qué manos ponen esa salida y con qué propósitos. Es la hora de la
verdad. Demostremos que somos la mejor respuesta para nuestra sociedad.
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